ANTE UN INTENTO DE INFANTICIDIO DISFRAZADO DE EUTANASIA.
“Si pues vosotros siendo malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a quienes se las pidan!”(Evangelio según San Mateo, 7/11)
“Las perversidades actuales solo son posibles, porque se ha producido desde largo tiempo atrás, una inversión en las profundidades del espíritu”(Emil Brunner)
No podemos callarnos ante un caso que se ha tornado público y que muestra con enormes caracteres el lúgubre invierno de nuestra civilización.
Es el caso del bebé inglés Charlie Gard, nacido con una rarísima enfermedad genética; se encuentra ciego, sordo, no puede respirar ni moverse por su cuenta.
Sus padres, después de darle la vida, tratan de darle otra cosa buena, defienden su conservación, y se encuentran empeñados en una lucha desigual contra el Hospital donde se lo asiste, el cual ha recurrido a los tribunales para que se lo autorice a dejarlo morir. Tres tribunales ingleses, el Superior, el de Apelación y el Supremo han dictado sentencia a favor del Nosocomio contra el pedido de los padres, que quieren que a su hijo se lo mantenga vivo. En el mismo sentido sentenció el Tribunal Europeo de Derechos humanos, que ¿protege la vida?; no en este caso.
II.-
Aquí interfieren en la disputa dos figuras importantes, que este inocente absoluto, logró unir más allá de sus diferencias: el Sumo Pontífice y el presidente de los Estados Unidos. Casi un milagro; el primero ofreció tratarlo en el hospital pediátrico del Vaticano, el segundo, ayudarlo. Ambos intervienen en defensa de una vida humana inocente amenazada de muerte por los tribunales de países que alguna vez fueron cristianos y que hoy son apóstatas e injustos, pues violan las exigencias no solo del derecho cristiano sino también del derecho natural.
III.-
Ante esta penosa situación, se han alzado diversas voces: la primera, aunque no en orden de importancia, es la del pediatra italiano Domenico Coviello, director del laboratorio de genética del hospital Galliera de Génova, quien afirma que la historia de este chico “es la de un poder violento, ejercido por la ciencia ante lo desconocido”: ya que no sabe ni puede curarlo, lo elimina. “Se le ha negado la base mínima de la piedad humana, decretando que, si sufre, no vale la pena que viva… La labor del médico es curar, dar esperanza, pero sobre todo acompañar en la enfermedad, asistir al paciente hasta el fin. Además, no es labor del médico arrebatar un hijo a sus padres. En este caso, los padres han hecho su tarea, los médicos, no”.
IV.-
La segunda, es la del Arzobispo de Trieste Giampaolo Crepaldi, para quien este caso nos pone delante de principios fundamentales para el hombre y la convivencia civil: el respeto debido a la vida humana, el primado de los padres en la gestión de esta trágica situación, y la inadmisibilidad que sea el Estado quien debe vivir o morir.
Charlie Gard tiene necesidad del afecto de sus padres, del empeño de los médicos por asistirlo y de las plegarias de los cristianos. No de sentencias que decretan la muerte.
V.-
La tercera es la del Cardenal Elio Sgreccia quien refuta punto por punto los argumentos de estos asesinos de guante blanco.
1) Que hoy no pueda curarse en el estado actual de la medicina no quiere decir que no se lo tenga que cuidar y asistir en cada fase de su enfermedad.
2) El derecho de toda persona a ser sujeto de atención y cuidados, reside en su dignidad, sea neonata, enferma o sufriente.
3) La alimentación-hidratación artificial mediante zondas naso-gástricas, en ningún caso podrá considerarse como terapia. Agua y alimentación; no se tornan medicinas por ser administradas artificialmente. Cuando se interrumpen, se deja morir de hambre y de sed, a quien no está en condiciones de alimentarse en forma autónoma.
4) El paciente no es un individuo anónimo a quien le son aplicados determinados conocimientos técnicos, sino un sujeto. El equipo médico tiene que tener en cuenta la voluntad de los padres y no puede prohibirles llevar a su casa a su propio hijo para morir en familia.
5) La prohibición de someter al bebé a un tratamiento experimental en ningún caso puede justificarse apelando al sufrimiento del paciente.
6) El principio del mejor interés del menor, no legitima una forma de eutanasia pasiva como pretende la Corte Internacional. Su mejor interés es conservar su vida, y mediante una estrategia analgésica tratar el dolor, si no fuera posible acceder al protocolo experimental.
7) El fallo de dicha Corte asume una postura puramente procedimental y aunque la Convención Europea de los Derechos del Hombre prohíba privar a cualquiera del bien fundamental de la vida, remite la solución del asunto a la autonomía soberana de los Estados.
8) Una sociedad en la cual aumentan los ancianos, las enfermedades y los medicamentos junto con los recursos siempre escasos destinados al sistema sanitario por los gobiernos nacionales, alimenta una cultura crematística que hace del eficientismo a toda costa su objetivo exclusivo, aumentando el número de marginados en razón de su pobre expectativa de vida.
9) Se desconoce la dignidad de algunas existencias humanas, identificadas con las enfermedades de las cuales son portadoras, a las cuales se considera se les hace un favor eliminándolas.
10) Existe un nuevo paradigma cultural que reivindica el acceso total e indiscriminado a la eutanasia, basado en la autonomía del individuo; en los hechos, ella se aplica a los más pequeños, los más débiles, los más necesitados.
VI.-
El caso aludido es paradigmático y nos lleva a reflexionar acerca de esta barbarie postcristiana cuyas manifestaciones cada vez más soberbias y prepotentes nos agobian todos los días.
Hace bastantes años escribía Georges Renard en su Introducción filosófica al estudio del derecho: “en filosofía jurídica solo existe un problema que no tiene más que dos soluciones: el derecho de la fuerza o la fuerza al servicio del derecho. La primera es la carta de la barbarie; la segunda, el postulado de la civilización”.
El derecho del más fuerte, afecta sobre todo a los más débiles, víctimas especiales de la violencia de los poderosos.
Existen dos defensas de los débiles: una incoherente, la otra coherente. La primera es la del “progresismo”, que abarca a muchos: políticos de izquierda o de falsa derecha, muchos de ellos masones, social-demócratas, liberales, verdes y ecologistas, socialistas, libertarios, sacerdotes revolucionarios tercer mundistas y tercer mundanos, enemigos de la religión y de la tradición, etcétera.
Este difuso “progresismo”, que muchas veces es progresivo en su ignorancia y confusión, enarbolaba sus banderas: igualdad que era igualitarismo, guerra revolucionaria, violencia, pacifismo, abolición de la pena de muerte, reforma agraria, reforma urbana, defensa de las ballenas, de los bosques amenazados, de los ríos contaminados, olvidando que todo lo infrahumano se encuentra al servicio del hombre, el único creado a imagen de Dios.
Pero, llega un momento en el cual aparecen los más débiles entre los débiles: los concebidos no nacidos todavía, los gravemente enfermos o disminuidos, los muy viejos… ciertas categorías de personas marginadas de la farsa electoral que no votan, no integran piquetes ni hacen manifestaciones, no se tapan la cara ni amenazan con garrotes, no reciben compulsas telefónicas: ellas no interesan, consumen mucho y aportan poco… entonces este progresismo muestra su faz economicista, egoísta, hedonista, cobarde y acaba postulando la despenalización del aborto y de la eutanasia, suscribiendo la carta de la barbarie contra la civilización.
La segunda defensa de los débiles es coherente y entronca con el Antiguo Testamento que muestra la solicitud divina por el pobre, la viuda, el huérfano y el extranjero; esto se profundiza en el Nuevo Testamento que realza la figura de los “últimos” en la tierra que serán los primeros en el Reino de los cielos, recipiendarios de una justicia que el agnóstico Kelsen denomina “de la total inversión de lo terrenal”.
La Fe nos enseña que cada vida humana no ha llegado a la existencia por mera casualidad o azar biológico, sino por especial designio divino cada hombre en particular – también este niño – es una creación única e irrepetible de Dios, pensado por Él desde toda la eternidad y que ocupa un lugar en el plan divino para todo el universo. Esta verdad que es, al mismo tiempo, un gran misterio, lleva a la conclusión de que cada atentado contra la vida de un ser humano inocente no sólo ofende a la dignidad de éste, sino que va contra del mismo Dios.
La Iglesia siempre se ocupó en forma preferencial por los “últimos”: redimió a los cautivos y liberó a los esclavos, erigió junto a los templos no solo escuelas y universidades sino también hospicios, hospitales y orfelinatos.
En los tiempos “orgiásticos” del capital denunció la explotación de los obreros, de las mujeres y de los menores y abogó por condiciones dignas de trabajo y un justo salario que permitiera acceder a la propiedad.
Pero como las aristas más salientes de la cuestión social van cambiando, se ocupó de los desequilibrios económicos entre regiones y actividades dentro de un país que conspiran contra la justicia distributiva y en el siglo XX denunció por boca de uno de sus pontífices, que la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro adquiría dimensiones mundiales: los países pobres reclamaban una asistencia honesta y generosa de las naciones que vivían en la opulencia.
Los nuevos problemas sociales fueron objetos de sus desvelos: la soledad urbana, en medio de una multitud en la cual el hombre está amontonado y no unido; la desintegración social; la cuestiones de las víctimas de los cambios, de los empobrecidos, de los desarraigados, de los disminuidos físicos y mentales y del medio ambiente.
Y hoy, continuando con la tradición de tantos siglos, convoca no solo a los cristianos sino a todos los hombres de buena voluntad, respetuosos del orden natural, a enfrentar el aspecto más saliente de la cuestión social actual: defender la vida humana inocente en los lugares en los cuales se encuentra más amenazada: el vientre materno y la cama del hospital.
Nos llama frente al aborto y a la eutanasia, contra la barbarie técnico científica, contra la cultura de la muerte, a defender el último baluarte de nuestra civilización. Por eso es tan importante el caso de Charlie Gard.
Buenos Aires, julio 6 de 2017.
Juan Vergara del Carril Bernardino Montejano
Secretario Presidente
ACERCA DE UNA ORGÍA EN EL SANTO OFICIO Y DE LA ADMINISTRADORA DE LOS FONDOS DE UNA JORNADA DE CARIDAD
“La filosofía… pretende ofrecer a los hombres una luz y una orientación, asumiendo la tarea de conducir mediatamente, desde su plano propio, la vida humana recta”.
Guido Soaje Ramos
I.-
Fuimos, somos y queremos seguir siendo un Instituto de Filosofía Práctica, en las huellas de nuestro fundador el Dr. Guido Soaje Ramos, cuya memoria veneramos.
En ese carácter, y desde la luz de los primeros principios prácticos, nos vemos obligados a reflexionar acerca de dos hechos escandalosos.
El primero, el de una orgía que se desarrolló dentro de los muros de la Ciudad del Vaticano, y el segundo, el de una curiosa designación para administrar los fondos de una Jornada de Caridad.
II.-
En el primero, se encuentra comprometido el cardenal Francesco Coccopalmerio, pues la orgía gay, con drogas de todo tipo, tuvo lugar en su departamento en el palacio del ex Santo Oficio, en el Vaticano, al cual llegó la policía italiana por denuncias de los vecinos.
En medio de los festejos se encontraba monseñor Luigi Cappozzi, secretario del cardenal, propuesto no hace mucho para obispo por este particular prelado, a quien nuestro amigo Francisco José Fernández de la Cigoña, con su buen humor a toda prueba, denomina “Coco de la Palmera”. El homosexual monseñor Capozzi fue conducido por la policía a un hospital para desintoxicarlo.
Cabe aclarar que el cardenal Coccopalmerio es en la Santa Sede, presidente del Consejo para los Textos Legislativos, cargo para el cual fue designado por Benedicto XVI, y confirmado por el actual pontífice. En la actualidad tiene 79 años.
¿Qué diría de este repugnante espectáculo el cardenal Alfredo Ottaviani, celoso guardián de la ortodoxia, que fue en los tiempos conciliares, el “carabinero de Dios” ?; ¿Qué dirían los inquisidores como Tomás de Torquemada o San Pedro de Arbués, asesinado por la judería de Aragón? No olvidemos que el Tribunal de la Santa Inquisición es el antecedente de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Escándalo, orgía, droga, en plena Ciudad Santa, malos olores que deberían llegar al “Siervo de los siervos de Dios” y hacer cesar en su cargo a “Coco de la Palmera”, que debería caerse del árbol, porque además prestaba al secretario su auto de alta gama un BMW, con patente del Vaticano, presumiblemente para poder transportar droga, burlando los controles policiales.
III.-
Pero esto no es todo. Nos enteramos por una nota de José Luis Milia que la escribana Marta Cascales, conviviente con Guillermo Moreno, fue designada para administrar en la Argentina, las contribuciones a “La jornada de Caridad del Papa”, que se celebró ayer en todas las parroquias. Como expresó su temor respecto al destino final de las donaciones, que podían acabar en los bolsillos de Milagro Sala, recibió una nota furibunda de la Dra. Raquel Agüero, en defensa del Papa y de sus procederes: “Ud. es un irrespetuoso e ignorante… primero infórmese bien y luego abra su asquerosa boca”.
La notaria Cascales pertenece al Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires y en tal carácter participó en algunas reuniones de su Instituto de Filosofía, donde fue bien recibida, porque no hacemos acepción de personas, pero evidentemente no le interesaba ese esfuerzo arduo de indagar las cosas desde sus primeras causas, y por lo tanto dejó de concurrir.
Tal vez su interés se enfile hacia la crematística, mirando con Guillermo Moreno “en la misma dirección”. Dilecta amiga de nuestro Papa, lo visitó junto a su pareja en diversas ocasiones, siendo recibidos en audiencia privada como Milagro Sala y el “Caballo” Suárez, ambos impedidos hoy de repetir la visita, por estar presos; el mismo trato recibieran Hebe de Bonafini, todavía en libertad, pese a sus múltiples entuertos, y Estela Barnes de Carlotto.
En cambio, no recibió a Margarita Barrientos y concedió breves minutos a la familia de Asia Bibi, quien sufre hace años una prisión injusta, condenada a muerte por blasfemia, y a un distinguido miembro de nuestra Comisión Directiva, quien viajó con dos colegas de Justicia y Concordia, para interesarlo por la penosa situación de los presos militares que mueren por docenas, en nuestras prisiones, muchas veces por falta de cuidados elementales y de asistencia médica.
Enemigo acérrimo de la pena de muerte, a pesar de la promesa que les hizo: “nos estamos ocupando del asunto”, no hace más que desentenderse y tácitamente colaborar en la aplicación de la pena capital “por izquierda”. Menos confuso, más claro, era el pensamiento de Saint-Exupéry en Ciudadela: “Curo al condenado a muerte si está enfermo, porque así respeto al hombre”. Y después lo fusilo, “porque respeto al imperio”.
Lamentamos mucho tener que escribir esta Declaración, pero todo tiene un límite. No podemos consentir con nuestro silencio las permanentes dos pesas y dos medidas, como la indebida intervención clerical en nuestra vida política.
Finalmente, aclaramos que si el INFIP resalta estas cuestiones no es para regodearse en lo que hacen algunos jerarcas de la Iglesia; solo hace un llamado a quienes la queremos y somos integrantes del Cuerpo Místico de Cristo. La reconocemos como edificada por Jesús en la cabeza de Pedro y confiamos en la promesa divina: “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. La Barca no puede naufragar, pero en palabras de un Papa, pueden ahogarse los navegantes. Hagamos penitencia y oremos por Ella, y que estos escándalos no hagan mella en nuestra fe, pues cuanto peor y más miserable es el elemento humano, si sabemos observar, se verá más refulgente el elemento divino que la alimenta y protege.
Buenos Aires, julio 3 de 2017
Juan Vergara del Carril Bernardino Montejano
Secretario Presidente
¿hasta cuando le van a seguir llamando papa ese falsario?¿son o se hacen?