POLÍTICA PARA JÓVENES (UN CURSILLO EN BORRADOR) – Tercera entrega

CIENCIA POLÍTICA Y TEOLOGÍA

Volvamos sobre la cita del Padre Ramírez hecha en la lección anterior sobre la Política como ciencia práctica:

“…como ciencia debe remontarse a principios universales de orden natural o filosófico y de orden sobrenatural o teológico, pues el santo Doctor no trata de construir una ciencia política cualquiera, sino una ciencia política verdaderamente cristiana y aplicable a los pueblos cristianos.

Para construir una doctrina política auténticamente humana y cristiana, hay que proyectar sobre los datos de la experiencia y las enseñanzas de la historia los rayos mancomunados y convergentes de la filosofía y de la teología”.

summa-theologicaEn la cuestión l de la Primera Parte de la Suma Teológica Santo Tomás da las razones de la primacía de la doctrina sagrada sobre todas las demás ciencias, sean especulativas o prácticas:

El fin tiene que ser conocido por el hombre para que hacia Él pueda dirigir su pensar y su obrar. Por eso fue necesario que el hombre, para su salvación, conociera por revelación divina lo que no podía alcanzar por su exclusiva razón humana. Más aún, lo que de Dios puede comprender la sola razón humana, también precisa la revelación divina, ya que, con la sola razón humana, la verdad de Dios sería conocida por pocos, después de mucho análisis y con resultados plagados de errores. Y, sin embargo, del exacto conocimiento de la verdad de Dios depende la total salvación del hombre.

En este último sentido se dice que la doctrina sagrada es ciencia, puesto que saca sus conclusiones a partir de los principios conocidos por la luz de una ciencia superior, cual es la ciencia de Dios y de los bienaventurados

…toda ciencia práctica trata de lo que puede ser hecho por el hombre. Así la Moral, los actos humanos; la Arquitectura, los edificios. La doctrina sagrada, por su parte, tiene por objeto principal a Dios, cuya obra mayor es el hombre. Por lo tanto, no es ciencia práctica, sino sobre todo especulativa.

…estamos ante una ciencia más especulativa que práctica porque trata principalmente más de lo divino que de lo humano; pues cuando trata de lo humano lo hace en cuanto que el hombre, por su obrar, se encamina al perfecto conocimiento de Dios, puesto que en ese conocer consiste la felicidad eterna.

Como quiera que esta ciencia con respecto a algo es especulativa, y con respecto a algo es práctica, está por encima de todas las demás ciencias tanto especulativas como prácticas.

De entre las ciencias especulativas se dice que una es superior a otra según la certeza que contiene, o según la dignidad de la materia que trata. En ambos aspectos, la doctrina sagrada está por encima de las otras ciencias especulativas.

De entre las ciencias prácticas es más digna la que se orienta a un fin más alto, como lo militar a lo civil, puesto que el bien del ejército tiene por fin el bien del pueblo. El fin de la doctrina sagrada como ciencia práctica es la felicidad eterna que es el fin al que se orientan todos los objetivos de las ciencias prácticas.

Queda patente, bajo cualquier aspecto, que la doctrina sagrada es superior a las otras ciencias”.

(El texto completo de la cuestión está en la versión web de la Suma. http://hjg.com.ar/sumat/a/c1.html)

Advertencia: si se quiere comprar la Suma, es preferible tener la edición de la BAC de los años 50, en la que colaboraron los mejores tomistas españoles de su tiempo.

bigEl gran Donoso Cortés, en el capitulo 1 de su Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, describe así las relaciones entre la teología y la política:

La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca toda la ciencia, como así como Dios es el océano contiene y abarca todas las cosas.

Esto sirve para explicar por qué causa, al compás mismo con que se disminuye la fe, se disminuyen las verdades en el mundo; y por qué causa la sociedad que vuelve la espalda a Dios, ve ennegrecerse de súbito, con aterradora oscuridad, todos sus horizontes.

La disminución de la fe, que produce la disminución de la verdad, no lleva consigo forzosamente la disminución sino el extravío de la inteligencia humana. Misericordioso y justo a un tiempo mismo, Dios niega a las inteligencias culpables la verdad; ni le da ni les quita la inteligencia. pero no les niega la vida; las condena al error, mas no a la muerte.

Por eso todos hemos visto pasar delante de nuestros ojos esos hilos de prodigiosa incredulidad y de altísima cultura, que ha dejado en pos de sí un curso, menos luminoso que inflamado, en la prolongación de los tiempos, y que han resplandecido con una luz fosfórica en la historia. Poned, sin embargo, en ellos vuestros ojos; miradlos una vez y otra vez y veréis que sus resplandores son incendios y que no iluminan, sino que relampaguean.

Y lo mismo que aquí se dice de las edades, puede decirse de los hombres. Negándoles o concediéndole la fe, les niega Dios o les quita la verdad; ni les da ni les quita la inteligencia. La de los incrédulos puede ser altísima, y la de los creyentes, mínima. La primera, empero no es grande es sino la manera del abismo, mientras que la segunda es santa, a la manera de un tabernáculo; en la primera habita el error, en la segunda la verdad. En el abismo está como con el error, la muerte; en el tabernáculo, con la verdad, la vida. Por esta razón, para aquellas sociedades que abandonan el culto austero de la verdad por la idolatría del ingenio, no hay esperanza ninguna. En pos de los sofismas vienen las revoluciones, y en pos de los sofistas, los verdugos.

Posee la verdad política el que conoce las leyes a que están sujetos los gobiernos; posee la verdad social el que conoce las leyes a que están sujetas las sociedades humanas; conoce esta ley es el que conoce a Dios; conoce a Dios el que oye lo que la firma de sí y cree lo mismo que los. La teología es la ciencia que tiene por objeto esas afirmaciones. De donde se sigue que toda afirmación relativa a la sociedad gobierno supone una afirmación relativa a Dios, o lo que es lo mismo, que toda verdad política o social se convierte formalmente en una verdad teológica.

Si todo se explica en Dios y por Dios, y la teología es la ciencia de Dios, en quien y por quien todo se explica, la teología es la ciencia de todo.

La teología, pues, considerada en su acepción más general, es el asunto perpetuo de todas las ciencias, así como Dios es el asunto perpetuo de las especulaciones humanas”.

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